Reflexiones estivales , para complicarme un poco la vida (2) o ¿De qué cojones voy a vivir?

 Continuando con esta época de transito entre lo estival y lo laboral, sin calor en Madrid, hoy he decidido dejar @AntonioCamunas y  sus experimentos.

 

Un tuit de @jimerino sobre cisnes negros, ha hecho que vuelva a releer  a @eldoncel y sus teorías, para acabar con Nassim N. Taleb y sus cisnes.

 

 

Alejandro, antiguo alumno, amigo mío y esperemos que en breve compañero de iniciativas, me manda una serie de artículos que publicó en la revista Marketing + Ventas hace un tiempo. Son cuatro artículos que van de la gestión del riesgo y de la convivencia con la incertidumbre. (J Ignacio también fue alumno mío, debe de ser que empezar las clase con Basilio imprime carácter)

 

http://www.youtube.com/watch?v=eEBAM6b7GxA

 

 

En el primero de ellos nos habla de la teoría del caos:

 

¿De qué va esto del caos? Caos es la gota que colma el vaso, el copo de nieve que provoca un alud o el grano de arena que derriba un montón. Llamamos teoría del caos al estudio de las dinámicas no lineales, aquellas en las que un pequeño factor provoca respuestas desproporcionadas que pueden ser positivas o negativas.

 

Alejandro nos dice que no puede predecir que copo va a provocar el alud, pero que si que podemos evitar instalar nuestra casa en la ladera de la montaña.

 

Todos los artículos de Alejandro están bastante inspirados en las teorías y libros de Nassim Nicholas Taleb.

 

Leí hace años el “El Cisne Negro, el Impacto de lo Altamente Improbable” , el resto de su obra descansa junto a los propósitos proscrastinados (¿Se puede decir eso?) como preparar un maratón, mejorar mi inglés….y algún otro que no viene al caso. Me gustó (El libro, claro), de hecho está incorporado al olimpo de mis “libros inspiradores” (pelín cursi, lo se).

 

Un cisne negro es, según Taleb, “un hecho fortuito, que satisface estas tres propiedades: a) gran repercusión, b) probabilidades imposibles de calcular y c) efecto sorpresa

 

Me gusto, ya digo, porque creo que desenmascara esa pamplina que llena mi TL más de lo conveniente, base del pensamiento positivo, la ley de la atracción: "Piensa en positivo y lo positivo vendrá a ti. Puedes tener cualquier cosa que desees, cualquiera, si concentras tu mente en esa cosa" (Barbara Ehrenreich - Sonríe o muere. La trampa del pensamiento positivo - Turner, 2011). Otro libro del olimpo ese.

 

Y es que para Taleb, mucho del éxito que tiene la gente de éxito es fruto del azar, fruto de acontecimientos impredecibes e imprevisibles. Su cita de “Mi principal afición es provocar a aquella gente que se toma demasiado en serio a sí misma y la calidad de sus conocimientos y a aquellos que no tienen las agallas para decir a veces no lo sé  debería de estar esculpida en el frontispicio (alarde cultureta) de algún edificio emblemático diseñado por Calatrava, un suponer.

 

Pero, ay, este libro que cogí en su día con muchas ganas y que ahora Alejandro ha vuelto a traer a mi, siento que ya no es igual. (“Ahora es demasiado tarde, princesa”)

 

Siento que ahora me plantea algunas dudas. Dudas del tipo de si todo es fruto del azar, para qué esforzarnos (Si, ya se qué para tener más papeletas). Dudas del tipo de si no podemos prever lo imprevisible, merece la pena invertir tiempo y dinero en reducir el margen de probabilidad de hechos no deseados (cisnes negros negativos), esto no sería negar que las cosas podrían estar peor, esto no supondría tirar un poco la toalla. Si todos evitáramos la ladera de la montaña, no provocaríamos un cisne negro en el valle.

 

Pero con todo, las dudas no me generan desasosiego, vivo instalado en ellas, le he empezado a coger manía al Taleb este (le vi hace un par de meses en la @frdelpino y parecía un estibador), cuando releyéndole habla de la “distorsión retrospectiva”, que viene a significar algo como que los humanos somos muy buenos a la hora de predecir los sucesos de modo retroactivo y de la “falacia narrativa” o la capacidad que tenemos (los seres humanos, otra vez) para inventarnos historias que permitan conectar causalmente dos sucesos aunque esa conexión no exista. Steve Jobs y su famosa conexión hacia atrás.

 

Leo mi perfil de Twitter y entre otras lindezas me proclamo consultor y marketiano (no tendría nada de particular si no me pagaran por ello y lo hacen) Y es qué si a un consultor le quitas la “distorsión retrosprectiva” y a un “marketiniano” le quitas “la falacia narrativa”, base del story telling y del branded content. ¿De qué cojones voy a vivir?

 

Salud, es la hora del vermut

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