Reflexiones estivales para complicarme un poco la vida (7), hoy vamos con la vocación empresarial.

Vuelvo de Londres y nadie me ha preguntado por el Peñón, por Bale sí, varios y por Mourinho y por Rajoy…, pero por el Peñón no y mira que me lo llevaba preparado.

 

Así que después del despegue suave queda el aterrizaje suave (¡Jesús que cursilería!), hasta el día seis de septiembre no “actuamos”, pero ya vamos empezando a hacer cosas y, claro, vuelvo con mis reflexiones por eso de complicarme la vida, ya sabéis.

 

Continuo picoteando y leo en Babelia un artículo de @JGomaL sobre la vocación literaria y de las otras.

 

Aquí

  

El artículo empieza con una pregunta, algo de agradecer en época de respuestas.

 

Por qué determinadas personas dedican las mejores horas del día, los mejores días del año y los mejores años de su vida a producir algo que nadie les ha pedido, sin que el éxito social, los requerimientos de la conciencia, el anhelo de fama o el enriquecimiento económico constituyan nunca la motivación principal

 

No es que yo dedique mis mejores horas del día, lo mejores días del año y tal y tal que diría el “ostentóreo” a esto de escribir ; pero me gusta saber que esto se llama vocación y “se compone de dos momentos: visio y missio (visión y misión)

 

Aunque, quizás, llamar vocación a esto de juntar letras, subirlo a internet y qué cuatro amigos, más mi madre, me lean me parece , cuanto menos, osado, prefiero quedarme con los componentes de la vocación, la visio y la missio, porque creo que explica muchas cosas.

 

Años hablando, aquí y allá,  de planificación estratégica y  años hablando de Visión, Misión y Valores y resulta que la visión y la misión son los dos momentos de la vocación.

 

Desde hace tiempo, por eso de complicarme la vida, ya sabéis,  llevo dando vueltas a esto de la planificación estratégica y me ha dado por cargármela en una suerte de autofagia (doy clase de una asignatura que me quiero cargar). Aunque esta feo autocitarse, aquí os dejo alguna entrada donde anuncio su muerte.

 

Aquí 

 

Pero bien, una vez matada y rematada la planificación estratégica ¿ahora qué?, pues el artículo del amigo Gomá nos lo soluciona, ahora es tiempo de vocación. Más vocación y menos planificación. Es tiempo de Visión y Misión…., bueno y de Valores también, aunque no tenemos muy claro de cuáles.

 

Y es que ya os digo esto de la vocación soluciona muchas cosas, el “puzle” de repente coge sentido. Esa “cierta idea de todo”. Esa cierta idea que tienen algunos de imaginarse como es el futuro (o el presente) o como les gustaría que fuese y que para que eso no se pierda, las personas que sienten la visión tiene la necesidad de llevarla a cabo. “La ansiedad por crear el objeto”, la Misión.

 

En la explicación de la empresa que es a lo que me dedico y por lo que recibo algún que otro estipendio, la visión de alguien para cubrir una necesidad no resuelta o mal resuelta y la necesidad de ponerla en marcha es lo que forman, junto con los valores, la arquitectura del  proyecto empresarial. Y uno que siempre intenta ver la coherencia detrás de cada “business” veo una teoría y todo lo que tiene de esqueleto, de estructura, suele ser creación de un visionario, de un teórico, ¿de un filósofo?. Pero como bien explica @aandreup, en otro de mis picoteos, las ideas, dice, están sobrevaloradas y yo estoy de acuerdo. Una idea (visión) sin la capacidad para ponerla en marcha (misión) no sirve para nada.

 

Aquí

 

Hay empresarios y teóricos, ahora se llaman emprendedores que queda cómo más profundo, que saben construir el andamiaje, pero que son incapaces de ponerlo en marcha. Y otros, sólo ven en la empresa dinero fácil, pelotazo, parcelita y chacha en casa, que la santa tiene que estar entretenida dirigiendo al servicio.

 

La clave del éxito está en ser capaces de convertir la visio y la missio en un todo (la vocación), en un proyecto. Un proyecto que, a diferencia de la vocación literaria, si persigue función utilitaria, porque sin ella no se podría poner al servicio de nadie. Una empresa sin mercado no es empresa. Y esta es la tercera pata que necesitamos.

 

Cuando Gomá habla de "Conviene destacar el hecho de que solo se logra con éxito la producción del objeto si este adquiere una objetividad independiente del yo que la produce". La objetividad independiente en un proyecto empresarial se adquiere cuando el mercado nos compra el producto o el servicio.

 

 

Veo “Bulli cooking in progress” dónde Ferrán Adría explica como ellos distinguen el proceso creativo del proceso productivo, pero que mientras ejecutan el primero, piensan continuamente en el segundo. Una gran creación culinaria que no sea aceptada por los clientes de Bulli no sirve. Aunque en plan Steve Jobs, Ferrán no les pregunte para nada, el sabe mejor que ellos mismos lo que quieren, quiere que les sorprenda y para eso no hay que preguntar al mercado , aunque lo llamemos estudios de mercado. Bueno que me pierdo y eso da para otra entrada.

 

Visión, misión y aceptación por el mercado, en eso se asienta la Vocación empresarial. Porque Visionarios incapaces de poner en marcha un  proyecto hay muchos. Directivos capaces de ejecutar lo que sea, aunque en España los llamemos empresarios;  pero incapaces de visionar el proyecto también (son cómo los profesores de filosofía sin vocación literaria). Y visiones y misiones no aceptadas por el mercado siempre ha habido, hay y habrá, pero eso es lo que hace interesante la vocación empresarial, el riesgo y la incertidumbre, la emoción de que el mercado lo acepte o no.

 

Para poner en marcha eso no creo que haga falta un líder, cómo no creo que lo más destacable de Raul, que lo tiene, sea su liderazgo, por seguir picoteando con @aandreup en las entradas de su blog.

  

Aquí

 

Pero eso, en plan Scarlett O`Hara, será mañana.

 

Salud.

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